EL CATÓDICO ha visto maravillas más allá de las 625 líneas.
A Orzowei pasearse en taparrabos por la Sabana africana, el pecho volador de Sabrina, los bocatas gigantes del Piraña (un trauma infantil: ¡Chanquete ha muerto! y las lagartas de pechos prietos de V.
Ha sido testigo del reinado matutino de la Campos, la Quintana y lo que vendrá.
Ha visto a Belén Esteban de icono descerebrado de la modernidad, y la conversión de la información en un relleno del espectáculo, más allá de las torres gemelas en llamas de Nueva York. Todos esos momentos se pierden entre una sonrisa viperina de Jorge Javier Vázquez y un chiste a destiempo de Matías Prats.
HOY ES UN BUEN DÍA PARA VER LA TELEVISIÓN.

jueves, 30 de diciembre de 2010

FIN DE EMISIÓN. CNN+

Imagen: CNN+
X
HUÉRFANOS DE INFORMACIÓN



CON EL FIN DE AÑO CNN+ enmudece. Desaparece. Vemos un vídeo con los rostros y gentes de los informativos. Los rostros de las pantallas y los rostros más allá de las pantallas. Todo muy humano. Y duro. Se despiden todos juntos y, ¡tatachan!, vemos el logo del Canal 24 horas de Gran Hermano. Llega la fusión telecinquera.

Se cierra CNN+ por sus altos costes. Los compañeros de prnoticias hablan de 40 millones de euros de deuda desde el 1998. ¿Crisis de modelo? ¿Una gestión mejorable? Lo cierto es que la matriz norteamericana también pasa un bache importante de audiencias y resultados.
Seguramente el modelo de tertulia más o menos casposa, ultrareligiosa y/o vociferante de la FOX pone más a los norteamericanos, y también pega fuerte en las Españas en crisis.
Con su capillita de acólitos recalcitrantes, palmeros de un determinado poder.

¿En la época de internet, la información internacional, la información, no es tan básica? ¿Sufrimos un exceso de rumores y noticias?
Lo cierto es que lo local pega fuerte, y los anuncios tienen difícil inserción en el todonoticias. Las cadenas temáticas son un buen complemento, pero no son capaces de tirar de las audiencias.
Se marchan un puñado de grandes profesionales. Los televidentes los tienen presentes.
Y es el adiós, esperemos que momentáneo, de un enorme periodista, Iñaki Gabilondo. Que no ha tenido un acomodo fácil en los últimos tiempos, donde la rentabilidad descerebrada prima más que la información meditada.
Sin CNN+ estamos un poco más huérfanos de información moderna, con un estilo no beligerante y sin crispaciones.
El panorama preocupa, ante el propio asombro de los periodistas.
Hasta siempre.
El modelo rentable debe ser otro, pero la materia prima, los mimbres, y el abecé de la profesión SON ESTOS. SIN DUDA.

domingo, 12 de diciembre de 2010

LA NORIA. TELECINCO

Imagen: © Público
X
CULEBRONES DESOREJAOS

EL DOCTOR EN LEYES Rodríguez Menéndez, un abogado madrileño en busca y captura que se reclama refugiado político, fugado en la Argentina (¿no tiene la Argentina tratado de extradición con España, ein, pa trincarlo en medio de la conexión satélite que da más audiencia?), y protagonista de escándalos sonados y polémicas varias, ha pasado por los platós del Sálvame y ahora por los caballitos de La noria, desempolvando viejos fantasmas, haciendo caja, y protagonizando grandes momentos de las vísceras televisivas más sangrantes.

Contra él, una retahíla de colaboradores, pasavolantes y eventuales de las productoras de Telecinco, han despotricao de lo lindo. Y más. Se nos ha dice en este culebrón por capítulos, largo, largo, que esparce insultos y mala energía a partes iguales, que el señor Menéndez da mucho miedito. Acongojada por las trifulcas, la colaboradora Mila Ximénez parece anunciar que deja la tele. Toda una pérdida.
Luego, suponemos, podrá cobrar una exclusiva por volver y asín. Y viceversa. Resumiendo: en los programas nos dicen que este hombre es más peligroso que Hitler, Pol Pot y Darth Vader juntos.

Hemos visto a la que podía haber sido la posible nuera del lego Menéndez, acusándole de ordenar una paliza exprés para ella y su hijo. Casi ná.
Hay acusaciones cruzadas de corrupción, prostitución y otras cosas que acaban en ón; batallas verbales a tutti pleni y veremos si por el juzgado, que nos cartografían hasta que punto llegamos los humanos catódicos para participar del pastel de la tele. Y damos audiencias viendo temas tan edificantes.
En medio del panorama, Jordi González ha reivindicado a grito pelao que su público aplaude cuando le place, no cuando el señor del cartelito del programa se lo indica.¡Uf, Jordi, nos quedamos más tranquilos! El público en vivo de la cadena tiene LIBERTAD DE EXPRESIÓN.